La Argentina Peronista_5°B,5°B- Historia_Romero Lorena

 HISTORIA 5°B

PROFESORA ROMERO LORENA

romerolorena.historia@gmail.com

Fecha de entrega: 18 de agosto

LA ARGENTINA PERONISTA

1)      ¿Qué sucedió el 17 de octubre de 1945?

2)      ¿Por qué crees que este hecho significo un “punto de quiebre” en la historia argentina?

3)      ¿Cuál fue el marco formal y legal desde el cual actuó Perón? ¿A qué se debió el mejoramiento en la calidad de vida del sector obrero?

4)      Nombra a los principales sectores sociales en los que se apoyo Perón y los que conformaron la oposición.

¿Cuáles eran las críticas que la oposición realizaba?

5)       Señala los aspectos principales de la política económica de Perón.

¿A qué se debió la crisis económica iniciada en 1951?


17 de octubre de 1945

 Por Norberto Galasso


A las 6 horas, Juan Perón ingresa al Hospital Militar.

A las 7, en Brasil y Paseo Colón, la policía dispersa alrededor de mil personas que se dirigían hacia la Casa de Gobierno.  

A las 8 y 30 es disuelta una manifestación en Independencia y Paseo Colón.

A las 9hs, por Alsina, hacia el oeste, va una columna estimada en 4000 trabajadores.

A las 9 y 30hs es dispersada una concentración reunida frente al Puente Pueyrredón de alrededor de 10.000 personas.  

A mitad de mañana, grupos de trabajadores reclaman frente al Hospital Militar, exigiendo ver a Perón.

 Las radios informan que se está generalizando la huelga, no obstante que la CGT declaró el paro para el día 18.

Al mediodía, la policía vuelve a dispersar a grupos de manifestantes que se habían concentrado en Plaza de Mayo.

Después del mediodía, la policía modifica su actitud frente a los manifestantes.

«La crisis del poder liberó los sentimientos de los agentes de la tropa -afirma Perelman- muchos de ellos provincianos y con bajos sueldos…Los vigilantes se declararon peronistas».

Esto es verdad, pero también es cierto que un amigo de Perón, el coronel Filomeno Velazco, controla ya la planta baja del Departamento de Policía y da órdenes a los agentes. 

A las 15 y 30, un grupo de sindicalistas mantiene una reunión con Perón en el Hospital Militar.

En las primeras horas de la tarde, varias columnas confluyen, en Avellaneda, ante el puente.

«Era una muchedumbre de 50.000 personas -sostiene Cipriano Reyes-…

Minutos después, las pasarelas del puente comenzaron a bajar y la muchedumbre se lanzó para pasar al otro lado» 

Han pasado ya las 16 horas cuando, ante el crecimiento de la concentración popular, el presidente Farrell envía a algunas personas de su confianza para conversar con Perón y encontrar una salida a la crisis.

En un piso alto del Hospital Militar, el coronel, en pijama, recibe información de lo que ocurre y espera el desarrollo de los acontecimientos.

«Estábamos allí- recuerda Franklin Lucero- sus amigos de las buenas y malas horas…»65.

«Las llamadas desde la Casa de Gobierno se sucedían.

Farrell quería calmar a la muchedumbre.

En determinado momento, Perón me preguntó: – ¿Hay mucha gente? Realmente, ¿hay mucha gente, che?…

Nunca me había tuteado.

Pero su creciente entusiasmo, se comenzaba a apreciar en su cambio físico y espiritual».  

Mientras, en la plaza de mayo, el Gral. Avalos intenta infructuosamente dirigirse a los trabajadores.

La respuesta de la plaza es contundente: «Queremos a Perón»

«Se hacía evidente que el gobierno quería parlamentar- testimonia el capitán Russo.

Recuerdo que entonces Perón me dijo textualmente: – Ha llegado el momento de aprovechar la debilidad del enemigo»

Poco después, se conviene que el Gral. Avalos se traslade al Hospital Militar, para conversar con Perón.

«Avalos me expresó – recuerda Perón- sus deseos de que yo hablara al pueblo para calmarlo e instarlo a que se retirara de la plaza de Mayo»

De esta conversación surge la conveniencia de una reunión Farrell- Perón.

Mientras tanto, en la Casa Rosada, Vernengo Lima presiona a Farrell para disolver la concentración apelando a la fuerza militar: «Usted está cometiendo un grave error.

Esto hay que disolverlo a balazos y va a ser difícil, hay mucha gente»

El presidente se niega a recurrir a la represión: «El ministro de Marina insiste, explicando que las ametralladoras están en el techo:

Si tiramos al aire, se van a ir….

Pero el presidente se mantiene inconmovible:

-No, señor. No se hace ningún disparo. La gente puede morir por el pánico. Yo no autorizo nada. 

Desde el Hospital Militar, Perón se aviene a conversar con Farrell, pero, pone condiciones: «Primero, que Vernengo Lima se mande a mudar, segundo, que la Jefatura de Policía la ocupe Velazco, tercero, que lo busquen a Pantín y lo pongan al frente de las fuerzas de mar y que Lucero se haga cargo del Ministerio de Guerra. Además, hay que traer inmediatamente a Urdapilleta, que está en Salta, para que se haga cargo del ministerio del interior.

Esas son mis condiciones». 

Rato después, Farrell y Perón conversan en la residencia presidencial.

«Me dijo Farrell: - Bueno, Perón, ¿qué pasa?

Yo le contesté: Mi General, lo que hay que hacer es llamar a elecciones de una vez. ¿Que están esperando? Convocar a elecciones y que las fuerzas políticas se lancen a la lucha… –

Esto está listo, me contestó y no va a haber problemas.

-Bueno, le dije: - Entonces, me voy a mi casa.

– No, déjese de joder, me dijo y me agarró de la mano: Esa gente está exacerbada, ¡nos van a quemar la Casa de Gobierno! 

Aproximadamente a las 23 horas, Farrell y Perón ingresan a la Casa Rosada.

-Venga, hable, me dijo Farrell, recuerda Perón.

Minutos después, el coronel ingresa al balcón y se abre ante su mirada un espectáculo majestuoso mientras una ovación atronadora saluda su presencia.  

En la noche de Buenos Aires, una inmensa muchedumbre, que algunos estiman en trescientos mil, otros en quinientos mil y el diario «La Época» en un millón de personas, vibra coreando su nombre: ¡Perón! Perón.  

Los diarios encendidos a manera de antorchas resplandecen sobre la negrura nocturna celebrando la victoria popular.

Alguien alcanza una bandera hasta el balcón: es una bandera argentina que lleva atada una camisa.  

El coronel la toma y la hace flamear de un lado a otro, ante la algarabía popular. ¡Ar-gen-ti-na! ¡Ar-gen-ti-na!. Farrell y Perón se abrazan, produciendo un nuevo estallido de júbilo popular.  

El presidente intenta vanamente dirigirse a los manifestantes, pero el impresionante griterío no se lo permite.  

Finalmente, pronuncia unas pocas palabras para comunicar que ha renunciado todo el gabinete y que «otra vez está junto a ustedes el hombre que por su dedicación y empeño ha sabido ganar el corazón de todos: el coronel Perón”. 

El coronel, profundamente conmovido, se acerca al micrófono.

«¡Imagínese -recordará años después- ni sabía lo que iba a decir…Tuve que pedir que cantaran el himno para poder armar un poco las ideas»!

Concluido el himno nacional, el coronel se dirige a la multitud: «Trabajadores.

Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: ¡la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino!

Una larga ovación interrumpe el discurso.  El coronel comunica al pueblo que ha sido firmada su solicitud de retiro y que esa renuncia a su carrera militar la ha dispuesto «para ponerme al servicio integral del auténtico pueblo argentino….

Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme.  

Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona.

Por eso, quiero, en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclado en esta masa sudorosa, estrechar profundamente a todos contra mi corazón, como lo podría hacer con mi madre…».  

Su discurso resulta interrumpido, varias veces, por la pregunta que inquieta al pueblo: ¿dónde estuvo?

Pero él prefiere no contestar y finalmente le pide al pueblo: «No me pregunten ni me recuerden cuestiones que yo ya he olvidado.

No quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo.»

Luego afirma: «…Ha llegado el momento del consejo. Trabajadores: únanse, sean hoy más hermanos que nunca …Y les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son la esperanza más pura y más cara de la patria».

Desde el gentío, surge la ocurrencia: ¡Mañana es San Perón!¡Mañana es San Perón!

Finalmente, el coronel afirma: «…Al abandonar esta magnífica asamblea, háganlo con mucho cuidado…

Tengan presente, que necesito un descanso que me tomaré en Chubut para reponer fuerzas y volver a luchar, codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto, si es preciso…

Y ahora, para compensar los días de sufrimiento que he vivido, quiero pedirles que se queden en esta plaza, quince minutos más, para llevar en mi retina el espectáculo grandioso que ofrece el pueblo desde aquí» 

Rato después, la imponente concentración se dispersa lentamente.